Escribo historias sobre el silencio y lo ordinario. No me expongo. Me escondo bien. Quien sabe sentir, llega.
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El peso de una palabra
feb 09A veces la vida nos ofrece pequeñas escenas, casi simbólicas, de esas que permanecen con nosotros durante décadas. Trabajaba como camarero — un oficio común, cotidiano, sin ningún glamour. Y, de pronto, apareció alguien que, por cultura, educación y tradición, vio en él algo distinto. No vio solo al camarero. Vio a alguien digno de respeto. Cuando aquel joven japonés se inclinó ante él y lo llamó sensei, no estaba simplemente pidiendo comida. Sin saberlo, le estaba ofreciendo una lección cultural. En Japón, sensei no se utiliza únicamente para un profesor formal. Es una forma de dirigirse a quien realiza su trabajo con maestría, a quien merece consideración. El gesto no tenía que ver con una cortesía vacía ni con un formalismo rígido; tenía que ver con ver. Ver a la persona detrás del rol, la maestría detrás del gesto repetitivo, la dignidad presente en todo trabajo bien hecho. Para el joven, el camarero era un profesional — y en su cultura, un profesional merece reverencia. Para el camarero, acostumbrado a ser tratado como alguien “inferior”, aquel respeto resultó casi extraño. Pero para el joven japonés era algo natural: inclinarse al ser atendido, mostrar respeto, reconocer a quien trabaja. En un restaurante humilde de Sintra, un gesto venido del otro lado del mundo lo colocó simbólicamente en el lugar que todo trabajador merece: un lugar de dignidad. El camarero no era profesor ese día, no era maestro de ningún arte. Pero, por un instante, fue tratado como alguien digno de honor. Tal vez fue la única vez en su vida que alguien lo llamó sensei. A veces, un solo cliente enseña mucho más sobre el respeto que quienes conviven a diario dentro de nuestros propios círculos. Esa palabra — sensei — dicha en el momento justo, llevaba el peso de toda una civilización. Y ese peso puede convertirse en ligereza para el alma de quien lo recibe. Porque no fue solo un pedido de comida. Fue un gesto humano raro. #ficción #cuento #psicología #saludmental #soledad #vidaurbana #literatura #melancolía #mundointerior #escritura #autorindependiente #relatoscortos
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Así Es Como Fuimos Hechos
feb 08Esa “pureza” de la que tanto se habla no es natural. Nunca lo fue. Es construida. Y, en gran parte, institucionalizada por la Iglesia como un mecanismo de control — no como una expresión de la condición humana. Los seres humanos no nacen puros ni impuros. Nacemos libres, impulsivos, contradictorios, curiosos, deseantes. El cuerpo precede a cualquier código moral. La piel viene antes que las reglas. El deseo viene antes que el catecismo. La desnudez es el estado original, no una provocación. Lo que la convirtió en un “problema” fue una mirada entrenada para sentir culpa — no el cuerpo en sí. La ropa no es virtud — es convención. La vergüenza no es natural — se aprende. Las diferentes culturas lo demuestran todo el tiempo: donde el cuerpo es visto simplemente como cuerpo, no hay escándalo. Donde el cuerpo es reprimido, se convierte en obsesión. Lo que es reprimido no desaparece — regresa deformado. Por eso hay tanta fijación, tanto tabú, tanta neurosis en torno a algo tan simple como existir en la propia piel. El cuerpo no es inmoral. El deseo no es pecado. La desnudez no es el problema. El problema comienza cuando alguien decide que controlar el cuerpo de los demás es la mejor forma de ocultar su propio desequilibrio interno. Si la desnudez fuera inmoral, no habríamos nacido desnudos. #ficción #cuento #psicología #saludmental #soledad #vidaurbana #literatura
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Público sin espectáculo
feb 07Ahora camina con más calma. Apenas sale. Ha dejado de quejarse. Antes se la veía por las calles de noche, fumando, bebiendo, riendo a carcajadas con amigos y conocidos. Los domingos iba a la iglesia. Ya no. Solía llevar a sus hijos al colegio. Ahora van solos. Ya no abre la puerta a nadie. Dejó de ir al mercado. Desapareció del mercadillo. Dejó de jugar al bingo los martes. Dejó de visitar a los vecinos. Su existencia desvanecida, estrechamente ligada a su desempeño social, se hizo notar visiblemente. Era, de hecho, alguien a quien solo se veía por el ruido que hacía. Alguien a quien solo veían aquellos que solo ven a quienes encajan en ciertos patrones de conducta. Corrieron rumores de que había muerto. Pero estaba en casa. Viviendo su nuevo amor. No murió. Se desprendió de las expectativas y de los rituales sociales para encontrarse a sí misma. Simplemente dejó de vivir para los demás para ser fiel a sí misma, aunque el precio fuera que la dieran por muerta quienes solo reconocen el movimiento y el ruido. Morir para el mundo puede ser la única forma de renacer para uno mismo. Y ella estaba, por fin, viva. Íntegra. #Ficción, #RelatoCorto, #Psicología, #SaludMental, #Adicción, #Pobreza, #Fe, #Sociedad, #Cultura, #VidaUrbana
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Las otras criaturas de la casa
feb 06Observo. Siempre lo he hecho. No por curiosidad, sino por necesidad. Es importante saber con quién compartes territorio… incluso cuando es obvio que el territorio debería ser solo mío. Luego está esa otra. Cree que ella manda. Se pasea por la casa como si tuviera algún tipo de autoridad moral. Finge estar tranquila, pero se sobresalta con cualquier ruido. Le gusta el cariño. Demasiado. No me fío de nadie que ansíe tanto afecto. La gente tan necesitada suele ser inestable. Me mira intentando parecer superior, pero sé que me respeta. No por admiración. Por miedo. Eso me satisface. El otro… bueno. El otro es un error de planificación. Apareció creyendo que podía ocupar espacio, moverse libremente, existir. Claramente no recibió el aviso. Es ruidoso. Inseguro. Se acerca demasiado. Se mueve demasiado. Todo en él está mal. No ataco; no lo necesito. Una mirada bien fija, un silencio más pesado de lo normal, y la jerarquía se establece sola. Y el dueño de la casa… Ah, pobre infeliz. Cree que dirige este lugar. Pobre ser insignificante. Corre de un lado a otro, detiene peleas, compra comida, intenta agradar. No se da cuenta de que lo mejor que ha conseguido es el permiso para existir aquí. A veces intenta comprenderme. Fracasa. A veces intenta complacerme. También fracasa en eso. Pero sigue intentándolo. Y eso lo respeto un poco. Al final, todos orbitan a mi alrededor. Incluso cuando fingen que no es así. No necesito que me quieran. Con que me respeten es suficiente. Y si alguno todavía no se ha enterado… bueno, el tiempo enseña. Siempre lo hace. #Ficción #RelatoCorto #Psicología #SaludMental #VidaUrbana
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A Well-Known Emotional Script
feb 03It happened to them the way it happens to many: they got into a relationship without really knowing what they were looking for. They only knew what they wanted in that exact moment. She fell for his “easygoing vibe.” The playful guy, no real responsibilities, half man, half boy. At first, it looked like freedom, spontaneity, charm. But over time, the charm turned into a burden. The same guy who once seemed “funny” started to feel immature, absent, unable to handle routine, partnership, or any real plan. With no romance left, she slowly began to carry everything on her own: the emotions, the house, the decisions, the responsibilities. Exhaustion turned into resentment. And after that came the collapse of the illusion. It wasn’t cheating out of cruelty. It was frustration, emotional loneliness, the search for someone who could actually show up as an adult. The cheating was just proof of an emotional dynamic that had been unresolved for a long time. He, instead of reflecting, did what so many do: played the victim, blamed the woman, moved back in with his mother saying “they’re all the same anyway.” He became the resentful guy who says he hates relationships, repeating the same pattern that always saves him from having to grow up. Not because he was cheated on, but because he was never actually ready to hold a real relationship in the first place. And the hard truth — the one almost nobody likes to admit — has always been this: If you choose to stay childish, you can’t complain when people treat you like a child. If you run from responsibility, you can’t be shocked when no one takes you seriously. Relationships are unwritten emotional contracts. Wanting affection without maturity is wanting love without having to grow. When someone uses a relationship as a hiding place for their own immaturity, the emotional bill always comes due — and it’s usually paid by the partner who “grew up alone.” And that always charges a price in the end.
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Cruce
feb 01La gente cruza la calle todo el tiempo, sin previo aviso, sin mirar atrás, sin explicación. A veces es el semáforo, a veces es el sol que pega demasiado fuerte, a veces es solo la costumbre: el cuerpo se mueve antes que la decisión. Porque a veces cruzar es solo un reflejo: ir con la corriente, sin pensar demasiado. Porque este lado duele, asfixia, humilla, aburre. La ciudad enseña esta paranoia silenciosa desde temprano: todos creen que están avanzando, cuando en realidad todos están simplemente evitando algo: un pensamiento, una reunión, un espejo inesperado. Nadie cruza la calle para huir de alguien. La gente cruza porque no sabe cómo quedarse. Ni de este lado. Ni del otro. Nadie está eligiendo bandos. Cada persona solo intenta llegar a algún lugar sin tropezar con sus propios pensamientos. En el fondo, quizás la pregunta no sea «¿por qué la gente cruza la calle?», sino «¿por qué nadie cruza la calle por mí?» o «¿por qué no he cruzado todavía?». La respuesta es cruel: cada persona mide el riesgo y la ganancia de cruzar basándose en su propia soledad, su propio miedo o su propia locura. Quizás cada cruce sea solo una forma educada de seguir caminando sin tener que explicar el peso que llevamos dentro. La búsqueda no es un destino, sino simplemente evitar quedarse quieto en el mismo lugar consigo mismo. Al final, cruzar es solo una manera de seguir caminando: el gesto más pequeño para mantener la ilusión de que uno va a alguna parte, cuando quizás el único lugar real sea la soledad que nos sigue en cada intersección. Si alguien cruza la calle, no significa «No quiero quedarme aquí». La mayoría de las veces simplemente significa: «Ni siquiera sé a dónde voy realmente». #Ficción, #Cuento, #FicciónLiteraria, #Psicología, #VidaUrbana, #Sociedad