Escucha el silencio — habla más alto que las palabras.
Público sin espectáculo
7 feb 2026
Ahora camina con más calma. Apenas sale. Ha dejado de quejarse.
Antes se la veía por las calles de noche, fumando, bebiendo, riendo a carcajadas con amigos y conocidos.
Los domingos iba a la iglesia.
Ya no.
Solía llevar a sus hijos al colegio. Ahora van solos.
Ya no abre la puerta a nadie. Dejó de ir al mercado. Desapareció del mercadillo. Dejó de jugar al bingo los martes. Dejó de visitar a los vecinos.
Su existencia desvanecida, estrechamente ligada a su desempeño social, se hizo notar visiblemente.
Era, de hecho, alguien a quien solo se veía por el ruido que hacía. Alguien a quien solo veían aquellos que solo ven a quienes encajan en ciertos patrones de conducta.
Corrieron rumores de que había muerto.
Pero estaba en casa.
Viviendo su nuevo amor.
No murió.
Se desprendió de las expectativas y de los rituales sociales para encontrarse a sí misma.
Simplemente dejó de vivir para los demás para ser fiel a sí misma, aunque el precio fuera que la dieran por muerta quienes solo reconocen el movimiento y el ruido.
Morir para el mundo puede ser la única forma de renacer para uno mismo.
Y ella estaba, por fin, viva.
Íntegra.
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