Escucha el silencio — habla más alto que las palabras.
Así Es Como Fuimos Hechos
8 feb 2026
Esa “pureza” de la que tanto se habla no es natural. Nunca lo fue.
Es construida. Y, en gran parte, institucionalizada por la Iglesia como un mecanismo de control — no como una expresión de la condición humana.
Los seres humanos no nacen puros ni impuros.
Nacemos libres, impulsivos, contradictorios, curiosos, deseantes.
El cuerpo precede a cualquier código moral.
La piel viene antes que las reglas.
El deseo viene antes que el catecismo.
La desnudez es el estado original, no una provocación.
Lo que la convirtió en un “problema” fue una mirada entrenada para sentir culpa — no el cuerpo en sí.
La ropa no es virtud — es convención.
La vergüenza no es natural — se aprende.
Las diferentes culturas lo demuestran todo el tiempo:
donde el cuerpo es visto simplemente como cuerpo, no hay escándalo.
Donde el cuerpo es reprimido, se convierte en obsesión.
Lo que es reprimido no desaparece — regresa deformado.
Por eso hay tanta fijación, tanto tabú, tanta neurosis en torno a algo tan simple como existir en la propia piel.
El cuerpo no es inmoral.
El deseo no es pecado.
La desnudez no es el problema.
El problema comienza cuando alguien decide que controlar el cuerpo de los demás
es la mejor forma de ocultar su propio desequilibrio interno.
Si la desnudez fuera inmoral, no habríamos nacido desnudos.
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